Mujeres religiosas


 

Antes de expresarse en términos de acciones y de servicios,

 

la opción por la vida religiosa se basa

 

en una evidencia interior para nosotras:

 

 

Cristo nos alcanzó y nos dejamos alcanzar.

 

 

 

 

Esta experiencia espiritual del encuentro es fuente de renovación y fuerza para la misión.

 

Nos sentimos un « parentesco » con las mujeres del Evangelio:

 

María, madre de Jesús,

la Samaritana,

María de Magdala

 

que reciben la misión de ir hacia sus hermanos y hermanas para anunciar la Buena Nueva.

 

 

Hoy como ayer, las mujeres cumplen un papel importante tanto

en la atención a los sufrimientos diversos que atraviesan

nuestras sociedades, como en la transmisión de la Fe.


 

En comunidad recibimos la misión de llevar la Buena Nueva de Jesús Salvador a las realidades muy diversas de nuestras vidas.

 

Desde los orígenes, las hermanas supieron adaptarse para atender a los llamados de la Iglesia y a las necesidades de los medios a los cuales están enviadas.

 


"Allí donde somos enviadas,

 

vivimos cerca de la gente,

 

con toda sencillez,

 

enraizadas en un pueblo,

 

colaborando, según nuestras posibilidades,

 

en la promoción de todos,

 

y en el anuncio del Evangelio,

 

para que seamos capaces de acoger juntos

 

a Jesucristo y vivir como Iglesia". 

(Regla de Vida)

 

 

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